# El cojo

De los Cuentos (Sipurei Maasiyot) de Rabí Najman de Breslev

מקור: https://rabenu.app/books/el-cojo/

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## El cojo

בס"ד

El cojo

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Relato sobre un sabio, que antes de morir llamó a sus hijos y a su familia y les ordenó que regaran árboles. “Tenéis permiso a dedicaros a otros oficios, mas persistid en regar los árboles”. Luego murió el sabio dejando hijos, y tenía un hijo que no podía caminar. Podía estar de pie, solo que no podía caminar. Y sus hermanos le facilitaban el sustento y así lo mantenían, facilitándole tanto hasta que le quedaba de sobra. Y ese hijo, que no podía caminar, ahorraba lo sobrante hasta que ahorró una suma de dinero, y entonces reflexionó: “¿Por qué he de recibir mantenimiento de ellos? Será mejor que empiece a montar algún negocio por mi cuenta”. Y a pesar de no poder caminar, decidió que contrataría un carruaje, un asistente y un cochero, y que viajaría con ellos a *Leipzig*¹ y haría negocios pese a tal incapacidad. Al enterarse sus familiares de ello, se satisficieron y dijeron: “¿Por qué hemos de facilitarle el sustento? Mejor que se mantenga él solo”. Y le prestaron más dinero para que pudiera establecer su negocio, y entonces arrendó un carruaje, un asistente y un cochero, y viajó hasta llegar a un *kretshme². *Y el asistente sugirió que durmieran ahí, pero él no quiso, y ellos insistieron pero él se obstinó en que se marcharan, y partieron de ahí. Pronto se perdieron en el bosque, y cayeron en manos de unos ladrones.

Y esos ladrones se convirtieron en tales, a causa de que una vez hubo una hambruna, y llegó alguien a la ciudad anunciando: “Quien quiera alimento que venga”, y algunas personas se congregaron a su alrededor. Y él actuó astutamente, y rechazó a quienes entendía que no le servirían. A uno le dijo: “tú podrás ser artesano”, y a otro le dijo: “tú podrás trabajar en un molino”, eligiendo así solo unos cuantos hombres inteligentes. Entonces se fue con ellos al bosque, y les dijo que se convertirían en ladrones, dado que ahí pasaban los caminos a Leipzig, a *Breslau*³ y al resto de destinos, y que al transitar comerciantes por ahí les robarían y así colectarían dinero. Y ellos los asaltaron, o sea que dichos ladrones asaltaron al hijo que no podía caminar y a sus hombres; el asistente y el cochero. El cochero y el asistente, que podían huir, así hicieron, y él se quedó sólo en el carruaje. Y vinieron y se llevaron el arcón del dinero, y le preguntaron: “¿Por qué permaneces sentado?”. Y respondió que no podía caminar. Le robaron el arcón y los caballos, y quedó sólo en el carruaje. Y el asistente y el cochero, que huyeron a donde habían huido, consideraron que no tenían que volver a sus casas, puesto que habían tomado *prukladin⁴ *prestado de los señores feudales, y ellos les encadenarían. Realmente les convendría quedarse ahí, donde habían huido, y dedicarse a asistir y cochear. Y el hijo, mientras le quedaba comida (un pan seco llamado *sujareis *que había en el carruaje)* *se la comía, y después cuando se le acabó y no tuvo qué comer, pensó qué hacer y se tiró del carruaje hacia afuera, donde podría comer algo de hierba. Dormía sólo en el campo, lo cual le causó gran espanto, y así fue perdiendo su fuerza hasta no poder si quiera mantenerse de pie, sino que tan solo arrastrarse (*rukin zij* en la lengua de askenaz). Se comía las hierbas a su alrededor, mientras podía alcanzarlas y comérselas lo hacía. Después cuando se acabó la hierba a su alrededor sin que quedara nada a su alcance, se arrastró a otros lados en busca de comida. Se alimentaba de la hierba por un tiempo.

Una vez se encontró con una especie de hierba que nunca antes había comido, la cual le llamó mucho la atención, pues hacía tiempo que comía hierbas y que conocía sus diferentes variedades, pero jamás había visto una como tal. Decidió arrancarla de raíz. Y bajo la raíz, se hallaba un *dúmit⁵*, y ese *dúmit* tenía cuatro caras, que cada una de ellas poseía un poder diferente. En uno de los lados se hallaba escrito que quien lo sostuviera de ahí, sería llevado al lugar donde se juntan el día y la noche, donde se juntan la luna y el sol. Y al arrancar la hierba con su raíz, en la cual se hallaba ese *dúmit*, lo sostuvo precisamente de ese mismo lado, que poseía tal poder de llevarlo al lugar donde el día y la noche se juntaban. Y lo llevó ahí, haciéndole llegar al lugar donde el día y la noche se reunían, y miró a su alrededor y vio que estaba ahí, en el lugar donde se unían la luna y el sol. Entonces oyó que el sol y la luna estaban conversando, y que el sol se quejaba ante la luna, acerca de que había un árbol que contaba con numerosas ramas y frutas colgadas, que cada rama, fruta y hoja, poseía otra virtud especial. Una poseía el poder de dar hijos, otra de facilitar sustento, y otra de curar tal enfermedad y aquella. Cada una poseía una distinta facultad. Y ese árbol, necesitaba que lo regaran, de ese modo mantenía su magna virtud. “Y no solo que yo no lo riego” – decía el sol - “sino que lo hago secarse al alumbrar mis rayos”. Contestó la luna: “Tú te preocupas de los problemas de los demás, déjame que te cuente mi propio estorbo. Pues poseo mil montañas, y alrededor de estas hay otras mil más, y ahí, se halla el lugar de los demonios. Ellos tienen patas de gallinas, no tienen fuerza en sus pies, por lo que se nutren de los míos, y por eso carezco yo de fuerza en mis pies. Mas dispongo de un polvo, un *pul*, que es capaz de sanármelos, pero el viento viene y se lo lleva”. Respondió el sol: “¿Es eso lo que te preocupa? Yo te diré cuál es tu remedio. Pues existe un camino, que de él se divergen varios caminos. Un camino es para los *tsadikim *(justos), y al caminar un *tsadik *en él, se desparrama algo del polvo de ese camino bajo sus pies a cada paso que da, y así pisa ese polvo con cada uno de sus pasos. Y está el camino de los incrédulos, y al caminar un incrédulo en él, se desparrama algo del polvo de ese camino bajo sus pies a cada paso que da, etcétera. Y está el camino de los chiflados, y al caminar un chiflado en él, etcétera. Y bien existen varios caminos. Y existe otro camino, que es para los *tsadikim* que aceptan abarcar el sufrimiento, y allí los feudales los llevan encadenados, y no tienen fuerza en sus pies. Mas al desparramar el polvo de ese camino bajo sus pies, estos se les llenan de fuerza, por eso ve ahí, porque ahí hay mucho polvo, y se sanarán tus pies” – todo esto es lo que le dijo el sol a la luna. Y él lo escuchó.

Entretanto observó el *dúmit* por otro lado, y vio que ponía que quien lo tomara de ese lado sería llevado al camino del cual se divergen varios caminos. Lo tomó de ese lado y fue llevado ahí, y colocó sus pies en tal camino en donde el polvo los sana, y se curó inmediatamente. Entonces recogió polvo de todos los caminos formando sacos, pues juntó el *pul⁷ *del camino de los *tsadikim* aparte, como bien el *pul* del resto de los caminos juntando cada uno por separado, y se los llevó con él. Luego decidió ir al bosque donde le habían asaltado, y al llegar ahí, escogió un árbol alto cerca del camino al que los ladrones salían a robar. Entonces agarró el *pul *de los *tsadikim *y el *pul *de los chiflados y los mezcló, dispersándolos sobre todo el camino. Finalmente se subió de vuelta al árbol, y se sentó a contemplar qué ocurriría con ellos. Y ahí, en efecto, salían a robar los ladrones enviados por aquel ladrón mayor. Y cuando llegaron al camino, en el momento de pisar aquel *pul* se convirtieron en *tsadikim*, y empezaron a gritar del alma por haber estado robando durante todo ese tiempo y por haber matado varias personas. Pero dado que también estaba mezclado el polvo de los chiflados, se convirtieron en *tsadikim *chiflados, y empezaron a pelearse entre sí. Uno dijo: “Tú nos hiciste robar”, otro dijo: “Robamos por tu culpa”, hasta que se mataron los unos a los otros. Y el jefe envió otra pandilla, y sucedió lo mismo, pues se mataron entre sí, y así siguió ocurriendo hasta que murieron todos. Al fin comprendió que no quedaba nadie menos él y alguien más, o sea que el hijo comprendió que todos los ladrones habían muerto sin que quedara nadie menos el mismísimo ladrón mayor y otro más, y se bajó del árbol. Entonces barrió el *pul* del camino, y dispersó tan solo el *pul* de los *tsadikim*, y volvió a sentarse en el árbol.

Y aquel ladrón, o sea el mayor, se preguntó cómo era que había enviado tantos ladrones sin que nadie de ellos hubiera vuelto, por lo que fue él mismo junto con el último que había quedado. En el momento de llegar al camino, en el cual había el hijo dispersado el *pul *de los *tsadikim*, se convirtió en *tsadik*, y empezó a gritar del alma a su amigo por haber matado tantas personas y por haber robado tanto. Y quebró unas tumbas, e hizo *teshuvá *y se arrepintió desde lo más profundo de su corazón. Y el hijo, que estaba sentado en el árbol, al ver que se arrepentía tanto y que estaba haciendo *teshuvá*, se bajó del árbol. Entonces el ladrón, al ver que se había topado con un hombre, empezó a gritar: “¡Por Dios! ¡Cometí tales pecados! Oh, ¡concédeme un medio de *teshuvá*!” Le respondió él: “Devuélveme el arcón que me robasteis”, pues ellos mantenían un registro de todo lo que habían robado, incluyendo el día y la víctima. Le dijo: “Te lo devolveré inmediatamente e incluso te daré todas las riquezas robadas que poseo, ¡pero solo concédeme un medio de *teshuvá*!”. Le dijo: “Tu *teshuvá* es, que vayas a la ciudad y que grites y confieses: ´´Soy yo el que anunció lo de aquella vez, el que formó esos ladrones, y el que mató y robó a mucha gente´´ - esa es tu *teshuvá*”. Y él le dio todas las riquezas, y fue con él a la ciudad, e hizo lo dicho. Al fin sentenciaron en esa ciudad que, en razón de haber matado tantas personas, lo ahorcarían, para que sirviera eso de ejemplo ante la multitud.

Después, decidió el hijo que iría a las dos mil montañas mencionadas por la luna, a mirar lo que sucedía por ahí. Al llegar se paró frente a las dos mil montañas desde lejos, y vio que había miles de millones e incontables miríadas de demonios (*shedim*), pues ellos se reproducen como los seres humanos y son muy abundantes. Y vio a su soberano sentado en un trono, que los mortales no se sientan en uno como tal. Y vio que hacían mofas: uno contaba cómo había perjudicado a tal bebé, otro que había herido una mano, otro que había dañado un pie, y bien otras mofas más. Entretanto echó un vistazo y vio un padre y una madre que andaban llorando, y se les preguntó: “¿Por qué lloráis?”. Y respondieron que tenían un hijo que solía partir y volver a la misma hora, y que había pasado demasiado tiempo sin haber él vuelto. Y se les llevó al rey, y él ordenó que mandaran enviados hacia todo el mundo a fin de encontrarlo. Luego al volver los padres, se encontraron con alguien que solía andar junto a su hijo, o sea que tal persona con la que se habían encontrado era un amigo de su hijo que antes había andado con él, mas ahora se lo encontraron sólo. Y él les preguntó: “¿Por qué lloráis?” Y se lo contaron. Entonces respondió: “Yo os contaré. Pues teníamos una isla en el mar que era nuestro lugar, y luego vino el rey al que pertenecía la isla y quiso construir edificios, y puso sus cimientos. Y él [o sea el hijo de los demonios que había desaparecido] sugirió que lo dañáramos. Fuimos y le quitamos la fuerza a ese rey, que pronto fue a tratar con médicos, pero ellos no lograron ayudarle. Entonces comenzó a tratar con hechiceros, y había uno que conocía su familia pero que no conocía la mía, por eso no pudo hacerme nada. Pero sí conocía la suya, por tanto lo capturó, y ahora lo tortura terriblemente”. Y se le llevó al rey, o sea que se llevó al demonio que había contado todo esto al rey de los demonios, y se lo contó nuevamente. Dijo el rey: “Que le devuelvan la fuerza”. Y él respondió: “Había alguien con nosotros que no tenía fuerza, y se la dimos”. Y el rey dijo: “Que le quiten la fuerza y se la devuelvan al rey”. Y entonces le respondieron, que se había convertido en una nube. Dijo el rey: “Que llamen a la nube y que la traigan aquí”. Y mandaron un enviado a buscarla. Y pensó aquel hombre (o sea el hijo que al principio no tenía fuerza en los pies y que había venido ahí y veía todo esto): “Iré a ver el fenómeno, de cómo se convierte esta gente en una nube”. Entonces siguió al enviado y llegó a la ciudad donde estaba la nube, y preguntó a los ciudadanos: “¿Por qué razón está la ciudad tan cubierta por la nube?”. Le respondieron: “La verdad es que nunca pasan nubes por aquí, pero ya hace un tiempo que nos cubre esta nube”. Y vino el enviado y llamó a la nube, y esta se desplazó. Y el hombre, decidió que los seguiría para escuchar lo que hablaban. Oyó que el enviado le preguntó: “¿Cómo llegaste a ser nube en este lugar?”, y esta le contestó: “Te contaré un cuento”:

Una vez hubo un sabio. Y el emperador de su país era un gran incrédulo, que había convertido a todo ese país en incrédulos. Fue el sabio y llamó a toda su familia, y les dijo lo siguiente: “Veis que el emperador es un gran incrédulo, que ha convertido a todo el país en incrédulos, incluyendo también algunos miembros de nuestra familia. Por eso hemos de largarnos al desierto, para quedar con fe en *Hashem Itbaraj*”. Ellos estaban de acuerdo. Entonces dijo un nombre, o sea que pronunció uno de los nombres sagrados, y los llevó al desierto, mas el desierto no le cayó en gracia. Luego pronunció otro nombre que los llevo a otro desierto, pero este tampoco le cayó en gracia. Finalmente pronunció un nombre más que los llevó a otro desierto, y este sí le cayó en gracia. Y ese desierto, se hallaba cerca de las dos mil montañas, y el sabio trazó un círculo alrededor de ellos para que nadie se les pudiera acercar.

Y existe un árbol que, en caso de que fuera regado, no quedaría nada de nosotros, o sea de los demonios. Por eso muchos de nosotros laboran día y noche en cavar a su alrededor, impidiendo que le llegue agua. Y le preguntó: “¿Por qué laboran día y noche? Pues basta con cavar tan sólo una vez para que se detenga el agua”. Le respondió: Porque entre nosotros se hallan algunos habladores, y estos habladores van y generan polémica entre un rey y otro, y así se causan las guerras, y mediante eso los terremotos, hasta caer la tierra alrededor de las trincheras que cavamos, de modo que pudiera el agua alcanzar el árbol. Por eso siempre se labora en cavar. Y cuando nombramos un nuevo rey, se hacen mofas ante él con alborozo: uno bromea contando cómo dañó un recién nacido haciendo que su madre se enlute, otro exhibe otras mofas, y bien varios tipos de mofas más. Y cuando el rey se alboroza sale a pasear con sus ministros e intenta arrancar el árbol por su cuenta, pues nos favorecería bastante si ese árbol no existiera. Junta fuerzas con intención de arrancarlo por completo, pero cuando llega al árbol, este emite un fuerte grito, causando que se espante y vuelva atrás. Una vez se nombró un nuevo rey, y se hicieron grandes mofas ante él. Y él se alborozó mucho, llenándose de vasta valentía, y declaró que arrancaría el árbol por completo. Entonces salió de paseo con sus ministros, juntó fuerzas, y corrió hacia el árbol con intención de arrancarlo del todo, pero al acercarse este emitió un gran grito que causó que se espantara. Se volvió hacia atrás, enfureciéndose por ello, volviendo de vuelta y retornándose. Entretanto echó un vistazo y vio unos seres humanos sentados, que eran el clan de aquel sabio, y mandó unos cuantos de los suyos a hacerles lo que siempre solían hacer, o sea que el rey los mandó a hacerles daño como acostumbraban. Al verlos la familia de humanos, se llenaron de pánico, mas el sabio les dijo: “No tengáis miedo”. Cuando llegaron los demonios no pudieron acercárseles a causa del círculo que había trazado a su alrededor, y el rey mandó otros enviados que tampoco pudieron. Entonces se enfureció y fue él mismo, sin poder tampoco acercárseles, y le pidió al anciano que le dejara entrar. Él dijo: “Ya que lo pides, te dejaré entrar, pero no es digno que el rey vaya solo. Te dejaré entrar con alguien más”. Y les abrió una abertura y entraron, y luego volvió a cerrar el círculo. Entonces le dijo el rey al anciano: “Cómo osas asentarte en nuestro lugar?”. Y respondió: “¿Por qué es tu lugar? Es mío”. “¿No me tienes miedo?” – le preguntó. “No” – contestó él. “¿Seguro que no tienes miedo?” – le preguntó mientras se extendía volviéndose gigante hasta el cielo, queriendo tragárselo. “Aun así, no tengo nada de miedo” – respondió el anciano - “es más, si lo deseo serás tú el que me tema a mí”. Entonces rezó un poco y apareció una gran nube, que hizo que estallaran fuertes truenos. Y como el trueno los mata, murieron todos los ministros que estaban ahí, sin que quedara nadie menos el rey y quien lo había acompañado dentro del círculo. Y le pidió que detuviera el trueno, y él lo detuvo. Entonces declaró el rey: “Dado que eres un hombre así, te otorgaré un libro de todas las familias de los demonios, pues hay *baalei shemot *que solo conocen una sola familia, e incluso en tal familia no conocen a todos. Yo te daré un libro en el que aparecen todas las familias, pues están todas escritas en los registros del rey, incluso a los recién nacidos se les escribe en los registros del rey”. Y mandó a su acompañante a buscar el libro, o sea que el rey de los demonios mandó a quien estaba junto a él en el círculo a que buscara el libro mencionado. Bien hizo el sabio en haberle dejado entrar junto a alguien más, pues de no ser así ¿a quién hubiera mandado? Así pues, le trajo el libro. Y abrió el libro y vio miles de millones e incontables miríadas de familias escritas en él. Y el rey prometió que no dañarían jamás a toda su familia, y mandó que trajeran todos los *patretin*⁸ de todos los miembros de su familia, e incluso al nacer un bebé en el futuro debería traerse su *patret*, para que nadie de la familia del anciano sería jamás dañado.

Después cuando el anciano llegó a su hora de fallecer, llamó a sus hijos y les ordenó diciendo: “Os dejo este libro. Veis que tengo el poder de utilizarlo sagradamente [con fines sagrados], y aun así no lo hago, puesto que solo tengo fe en *Hashem Itbaraj. *Vosotros tampoco lo utilicéis, e incluso si haya alguien entre vosotros que lo pueda utilizar sagradamente, que no lo haga, que solo tenga fe en *Hashem Itbaraj*”. Entonces falleció, y el libro se fue heredando hasta llegar a su nieto. Y él era capaz de utilizarlo sagradamente, mas tenía fe en *Hashem Itbaraj*, por lo que se abstuvo de hacerlo como el anciano había ordenado. Y los habladores que había entre los demonios lo tentaban diciéndole: “Ya que tienes hijas mayores y no cuentas con medios ni para mantenerlas ni para casarlas, usa este libro”. Y él no sabía que lo estaban tentando, creyendo que se lo estaba sugiriendo su corazón. Y viajó a su viejo hasta su tumba, y le preguntó: “¿Qué he de hacer, considerando que dejaste el testamento de no utilizar el libro y solo tener fe en *Hashem Itbaraj, *y que ahora mi corazón me está tentando que lo utilice?”. Le respondió el anciano fallecido: “Aun teniendo el poder de utilizarlo sagradamente, es mejor que preserves la fe en *Hashem Itbaraj *y que no lo hagas, y Él te ayudará”. Y así hizo.

Un día aconteció que se enfermó el rey del país en el que habitaba aquel nieto. Y trató con médicos, mas no lograron curarle, pues los medicamentos no servían por causa del gran calor que hacía en ese país. Y decretó el rey que oraran los israelitas por él. Entonces dijo nuestro rey: “Dado que este nieto posee el poder de utilizar el libro sagradamente mas no lo hace, por tanto actuaremos a su favor”. Y me ordenó entonces que fuera una nube ahí, para que obtuviera el rey una cura de los medicamentos que había tomado y de los medicamentos que iba a tomar. Y ese nieto no sabía nada de ello, y por eso es que me he vuelto en una nube en este lugar – todo esto es lo que contó la nube al enviado.

Y aquel hijo, o sea aquel que al principio no tenía fuerza en sus pies, iba tras ellos y escuchaba. Y le llevaron (a la nube) al rey, y él ordenó que le tomaran la fuerza y que se la devolvieran a aquel otro rey, y se la devolvieron. Entonces volvió aquel hijo de los demonios, llegando extremamente atormentado y sin fuerzas, a consecuencia de lo mucho que había sido torturado. Y él se irritaba bastante por el hechicero que le había torturado tanto, y ordenó a sus hijos y a su familia que estuvieran siempre al acecho de este. Mas existen habladores entre ellos, y fueron y le dijeron al hechicero que se cuidara porque lo estaban acechando. Y el hechicero actuó con astucia, y llamó a otros hechiceros que conocían familias, a fin de protegerse de ellas. Por lo tanto el hijo y su familia, se irritaron mucho con los habladores, por motivo de haberle revelado su secreto. Una vez se toparon la familia del hijo con los habladores al tomar parte en la guardia del rey, y fueron los familiares del hijo y calumniaron a los habladores, y el rey los mató. Y los habladores restantes se irritaron, y fueron a montar una rebelión entre todos los reyes. Así pues, predominaron el hambre, la debilidad, la matanza y la peste entre todos los demonios. Entonces se generaron guerras entre todos los reyes, y mediante eso se causó un terremoto, de modo que cayó toda la tierra y el árbol se regó por completo. Y no quedó nada de ellos, pues desaparecieron como si jamás hubieran existido, amén.

El secreto de este relato está implícito en el capítulo 1 de los salmos: “Bienaventurado es el hombre” … etc. “Camino de los malvados... camino de los justos (*tsadikim*)” … etc. Esto es el aspecto de aquellos caminos con el polvo que se desparramaba, etcétera. “Será como un árbol plantado en corrientes de agua, que da su fruto a tiempo y que sus hojas no marchitan” … etc. “Y en todo lo que haga prosperará” – esto es aquel árbol, que todas sus frutas y hojas estaban llenas de virtud y facultad. Rebusca y encontrarás más pistas: “Bienaventurado el hombre que no anduvo…” – pues al principio no podía andar. “Que no se paró…” – pues luego tampoco pudo mantenerse de pie. “Y en asiento de mofadores…” – o sea aquel asentamiento de mofadores que hacían mofas. “Como el tamo arrebatado por el viento” – o sea el viento que llevaba aquel *pul*. Y todo esto, constituye no más que unas triviales pistas, que algo alumbran nuestros ojos, a fin de comprender y abarcar un poquito de lo profundas que son estas cosas. No obstante siguen siendo insondables en el más oculto sentido, puesto que todos estos relatos que él contó, son excelsos en demasía sobre el conocimiento humano, y ocultos de los ojos de los vivos.

Una ciudad en la frontera entre Polonia y Alemania

Posada

Una ciudad en Alemania

Dinero en anticipo para contratos de trabajo

Una piedra preciosa

Mire en *Hagigá 16*

*Polvo*

*Retrato*
