# El erudito y el ingenuo

De los Cuentos (Sipurei Maasiyot) de Rabí Najman de Breslev

מקור: https://rabenu.app/books/el-erudito-y-el-ingenuo/

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## El erudito y el ingenuo

El erudito y el ingenuo

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He aquí un relato. Habían dos propietarios (de casas) en una ciudad, que eran vastos en riquezas. Poseían grandes casas, y tenían dos hijos - cada uno un hijo. Y ambos estudiaban en el mismo *jeder*. Y de entre estos dos hijos, uno era dotado de intelecto, mientras que el otro era ingenuo. No es que fuese tonto, sino que, simplemente, contaba con una mente sencilla y limitada. Y estos dos hijos sentían mucho afecto el uno por el otro. Aún siendo el uno erudito y el otro ingenuo, con su cerebro limitado, sentían gran afecto el uno por el otro.

Con el correr del tiempo comenzaron los dos propietarios a declinar, declinando más y más abajo hasta perderlo todo, y haciéndose pobres. Nada les quedó menos sus casas, y los hijos empezaron a crecer. Dijeron los padres a los hijos: ´´Carecemos de medios para pagar por vosotros y manteneros, id por vuestra cuenta´´. Así pues, fue el ingenuo y aprendió el oficio de la zapatería, mientras que el erudito, por ser intelectual, no quiso dedicarse a un simple trabajo como aquel, y decidió que viajaría por el mundo a fin de ver qué haría. Anduvo vagabundeando por el mercado, y vio una gran carreta con cuatro caballos y *jamiteis¹*,* *que andaba circulando. ´´¿De dónde sois?´´ - preguntó a los comerciantes. ´´De Varsovia´´ - contestaron ellos. ´´¿A dónde viajáis?´´. ´´A Varsovia´´. ´´¿Acaso necesitáis asistentes?´´ - les peguntó. Y como vieron que era intelectual y diligente, cosa que les cayó en gracia, lo aceptaron entre ellos. Y viajó con ellos, sirviéndolos estupendamente a lo largo del camino. Al llegar a Varsovia, a causa de ser intelectual, meditó: ´´Dado que ya estoy en Varsovia, ¿por qué he de relacionarme con ellos? Quizás haya un lugar mejor. Iré a ver y buscar´´. Y anduvo por el mercado, y comenzó a preguntar e investigar acerca de las personas que lo habían traído, averiguando si habían mejores. Le dijeron que esas personas eran decentes, y que permanecer con ellos valía la pena, solo que era difícil, porque sus negocios se llevaban a cabo en las lejanías a larga distancia. Entonces vio unos servidores de *guivelben² *caminando por el mercado, que andaban a su manera con sus estilos de glamur, con sus sombreros y zapatos puntiagudos, y los demás estilos de glamur que exhibían mediante sus andares y vestimentas. Y como era intelectual y perspicaz, percibió aquello como lo correcto, pues se trataba de algo bello, además de hallarse en un solo lugar. Así pues, se dirigió a las personas que lo habían traído, y les rindió ovaciones de gracia, diciéndoles que no le convenía más quedarse con ellos, y que en cuanto al hecho de haberle traído, les había él retribuido sirviéndolos en el camino. Después, fue a presentarse ante un propietario. Y lo común entre los servidores, es que al principio deben realizar arduos trabajos por menos pagamento, adquiriendo el grado de los servidores mayores solo después. Y el propietario por tanto, le encomendó arduos trabajos, y le mandaba a los patronos a cargar mercancías, a manera de los servidores que han de colocar sus manos bajo los codos, disponiendo el veste sobre el resalte de la mano a la altura del hombro. Y a él, le resultó muy duro un trabajo como tal. A veces tenía que subir con la carga por las cuestas elevadas, y en fin, el trabajo le costaba. Y como era filósofo e intelectual, meditó: ´´¿Acaso preciso de este trabajo? Ello solamente se requiere para el objetivo de casarse con una mujer y sustentarse. Todavía no he de tener eso en cuenta. Para eso tendré disponibilidad a dedicarme durante los años que vienen. Ahora, me conviene deambular por la tierra, visitar países y saciar mis ojos recorriendo el mundo´´.

Anduvo por el mercado y vio unos comerciantes que iban en una gran carreta, y les preguntó: ´´¿A dónde viajáis?´´. ´´A Lagorna³´´. ´´¿Me llevarías allí?´´. ´´Sí´´. Así pues, lo admitieron, y lo llevaron allí. Entonces partió a Italia, y de ahí a España. Entretanto habían pasado ya unos cuantos años, en los cuales se había vuelto más culto aún, habiendo estado por varios países, y meditó: ´´Ahora he de aspirar hacia el objetivo´´. Y comenzó a pensar mediante su filosofismo qué hacer, y le pareció adecuado aprender el arte de la orfebrería, al ser esta una amplia y bella materia que también alberga conocimiento, además de ser un oficio lucroso. Y como era intelectual y filósofo, no requirió varios años para aprenderlo, sino que le bastó tan solo un cuarto de año como para captar la disciplina, convirtiéndose en un muy gran artífice, más experto aún que el maestro que le había enseñado. Después meditó: ´´Aún disponiendo de esta materia, no me es eso suficiente. Hoy día vale esto, en otros tiempos quizás valga aquello´´. Por tanto, fue a presentarse ante un *shtein-shnaider⁴*, y a razón de su intelectualidad, también captó esa disciplina en tiempo escaso; en un cuarto de año. Después meditó con su filosofismo: ´´Aún disponiendo de dos materias, ¿quién sabe si valdrán en el día de mañana? Mejor que aprenda una materia que sea primordial mundialmente´´. Entonces decidió con su intelectualidad y su filosofismo, que aprendería la *dacteiraia⁵*, por ser algo siempre necesario e imprescindible. Como parte de tales estudios se debía aprender con anticipación la lengua *letain*⁶ y su escritura, como bien las ciencias de la filosofía, mas él por su intelectualidad, nuevamente lo hizo en tiempo escaso; en un cuarto de año. Y se convirtió en un gran doctor, en filósofo y en erudito en todas las ciencias. Entonces el mundo entero le empezó a parecer vano, pues dada su erudición, debido a la cual era tan gran artífice, tan grande erudito y doctor, consideraba vana a toda la gente del mundo. Y decidió que llevaría a cabo el objetivo y que se casaría con una mujer, mas se dijo: ´´Si me caso con una mujer aquí, ¿quién se enterará de lo surgido de mí? Volveré pues a mi hogar, para que vean lo sucedido conmigo - como había yo sido antes un pequeño muchacho, habiéndome ahora encumbrado a tan magna grandeza ´´. Así pues, viajó a su hogar, y en el camino padeció grandes tormentos, pues siendo tan listo no tenía con quién conversar, ni encontraba alojamientos que eran de su gusto. Padecía de hartos tormentos.

Ahora dejemos de lado el cuento del erudito, y comencemos a contar el del ingenuo.

Aquel ingenuo había aprendido el oficio de la zapatería, y como era ingenuo, demoró mucho en captarlo, sin llegar a ser del todo experto en esa materia. Se casó con una mujer, y se ganaba la vida mediante aquel oficio. Y como era ingenuo, y no tan experto, su salario era bien escaso y reducido. No disponía de tiempo ni para comer, pues debía laborar en su trabajo constantemente, por causa de no poder realizarlo con perfección. Solo a hora de trabajar, mientras perforaba con la lezna metiendo y sacando el grueso hilo de coser a manera de los zapateros, mordía un pedazo de pan y comía. Y su hábito era, que siempre se hallaba alegre excesivamente, siempre estaba lleno de alegría. De hecho contaba con todos los alimentos, con todas las bebidas y con todas las vestimentas posibles. Solía decirle a su mujer: ´´Mujer mía, dame de comer´´ - y ella le daba un pedazo de pan y se lo comía. Luego decía: ´´Dame la salsa con legumbres´´, y ella le cortaba un pedazo más de pan, que se comía también. Y él ensalzaba diciendo: ´´Cuán linda y cuán buena es esta salsa´´. Asimismo, mandaba que le pasara la carne, como bien el resto de buenos alimentos, mas lo que ella le daba cada vez no era más que otro pedazo de pan. Mas él se deleitaba mucho con ello, ensalzando el alimento en demasía - cuán digno y bueno era – como si se estuviera comiendo dicho alimento mismo. Realmente al comer el pan sentía el sabor de cualquier alimento que quisiese, a razón de su ingenuidad e inmensa alegría. Asimismo, mandaba: ´´Mujer mía, dame a tomar licor´´ - y ella le daba agua. Y ensalzaba él: ´´Cuán lindo es este licor´´. ´´Dame miel´´ - y le daba agua. Y él ensalzaba de igual modo. ´´Dame vino´´- y así sucesivamente todo lo análogo, mas lo que ella le daba cada vez, no era nada más que agua. Mas él se deleitaba con aquella bebida ensalzándola, como si se estuviera bebiendo justo esa misma. Lo mismo ocurría con las vestimentas. Él y su mujer compartían el mismo *pelz*⁷, y a hora de tener que ponérselo, como por ejemplo, cuando salía al mercado, le decía: ´´Mujer mía, pásame el *pelz*´´, y ella se lo pasaba. Y cuando necesitaba ponerse un *tulip⁸, *a hora de salir a eventos públicos, decía: ´´ Mujer mía, pásame el *tulip´´, *mas ella le pasaba el *pelz*. Y se deleitaba con él ensalzando: ´´ Cuán lindo es este *tulip*´´. Cuando precisaba de un *kaptin*⁹, como a hora de ir a la sinagoga, mandaba y decía: ´´Mujer mía, pásame el *kaptin*´´, y ella le pasaba el *pelz*. Y él ensalzaba y decía: ´´Cuán lindo y hermoso es este *kaptin´´*. Del mismo modo, cuando necesitaba ponerse una *yupa*¹º, también le daba un *pelz, *y él ensalzaba y se deleitaba igualmente de lo linda y hermosa que era esa *yupa*, y así sucesivamente. Siempre se hallaba lleno de alegría y de regocijo. Cuando terminaba de fabricar un zapato, que obviamente no tenía más de tres puntas, pues no manejaba el trabajo con habilidad, agarraba el zapato con su mano y lo glorificaba, deleitándose mucho de él. Y decía: ´´Mujer mía, cuán lindo y magnífico es este zapato, cuán dulce es, ¡menudo zapato de miel y *tzuker¹¹ *es este!´´. Y ella le preguntaba: ´´ De ser así, ¿por qué cobran los demás zapateros tres monedas de oro por cada par, y tú cobras solamente medio *taler, *o sea una moneda de oro y media?´´. ´´Eso no es asunto mío´´ - contestaba - ´´Aquel es su trabajo y este es el mío. Además, ¿por qué hemos de hablar sobre los demás? Calculemos cuánto gano en neto de este zapato: El cuero vale tal, el alquitrán y los hilos valen aquello, lo demás vale tal, y el *apkes¹² *vale aquello. Así pues, salgo ganando diez mayores¹³ en neto, ¿qué falta hay con tal ganancia?´´. Y siempre se hallaba lleno de alegría y de regocijo. Y a los ojos de la gente, él era objeto de burla. Lo zaherían con avidez, habiendo encontrado de quién burlarse al agrado, pues parecía un chiflado, y venían las personas y comenzaban deliberadamente a hablarle a fin de burlarse de él. Y les decía nuestro ingenuo: ´´Solo que sin mofas´´, y al responderle: ´´sin mofas´´, aceptaba su demanda y comenzaba a hablarles, pues no deseaba adentrarse más en la sofistería de preguntarse si aquello también se trataba de una mofa, porque era un hombre ingenuo. Y cuando veía que en efecto la intención era de mofarse, decía: ´´¿Qué te sirve ser más listo que yo? Eso de hecho te convierte en necio, pues yo no valgo nada. Ser más listo que yo en realidad te convierte en un necio´´.

Estos fueron los caminos del ingenuo. Ahora volvamos al asunto primero.

Mientras tanto se había difundido el rumor de que el erudito viajaba y venía de vuelta, y que llegaba colmado de gloria y gran ilustración. Y corrió el ingenuo a su dirección con magna alegría, diciéndole a su mujer: ´´Pásame rápido la *yupa*, iré hacia mi amigo a verlo´´. Y le dio el *pelz*, y corrió hacia él. Y el erudito viajaba en fastuosos carruajes en gloria. Entonces se le acercó el ingenuo, y preguntó por él hablándole con afecto y alegría: ´´¡Mi querido hermano! ¿Qué es de ti? Bendito el Señor por haberte traído y poder yo verte´´. Y el erudito, consideraba al mundo entero como vano, por supuesto que a un hombre como tal, que parecía chiflado. Sin embargo, a causa del gran afecto y amistad que tenían de la niñez, le dejó acercarse, y avanzó con él hacia la ciudad. Y aquellos dos propietarios, quienes eran los padres de estos dos hijos, habían muerto durante el tiempo que el erudito deambulaba por los países, y quedaron sus casas. El ingenuo, como estaba ahí, accedió a la casa de su padre y la heredó. Y como el erudito había estado deambulando por los países, no había nadie que recibiera su casa, la cual quedó ruinosa y arruinada, sin que quedara de ella nada, por lo que a su venida no tuvo a donde ir. Y fue a un hospedaje, mas padeció tormentos en él, por no ser este de su gusto. Y el ingenuo, habiendo hallado un nuevo quehacer, corría y venía cada vez desde su casa al erudito con afecto y alegría, y al ver que padecía tormentos por el hospedaje, le dijo: ´´Mi hermano, ven a mi casa y quédate conmigo. Juntaré todo lo mío en un puño, y quedará mi casa entera a tu disposición´´. Y el erudito lo aceptó, y entró a su casa, y se quedó con él. Y siempre se hallaba lleno de tormentos, habiendo expuesto que era un eminente sabio, artista e ilustre doctor. Una vez vino un noble, que mandó que le fabricara un anillo de oro. Y él le fabricó un anillo magnífico, grabando en él figuras por medio de magníficas maneras, y también grabó un árbol que era magnífico. Mas al noble no le cayó nada en gracia el anillo, y él, padeció grandes tormentos por ello - porque sabía que si ese anillo con el árbol fuera encontrado en España, valdría muchísimo, y se consideraría magnífico. Asimismo, en otra ocasión vino un gran noble, que trajo una valiosa piedra preciosa que procedía de las lejanías, junto a otra piedra preciosa que tenía una figura, y le ordenó que trazara tal figura sobre la primera piedra preciosa que había traído. Y la trazó exactamente como la anterior, fallando solamente en un detalle que nadie podía distinguir menos él mismo. Y el noble tomó la piedra preciosa, la cual le gustó, pero el erudito padeció grandes tormentos debido al fallo. ´´¿Cómo es que me surge un error, siendo mi ingenio tan excelso?´´ - se preguntó. Padecía tormentos también en la práctica médica. Cuando visitaba un enfermo y le daba medicamentos, los cuales sabía con certeza que en caso de que sobreviviera serían la causa de su cura dado que eran estupendos, y después moría el enfermo, decía la gente que había muerto por su culpa, y él padecía grandes tormentos por ello. En otras ocasiones le daba medicamentos a un enfermo y este se curaba, y luego decía la gente que se había curado por casualidad, por lo que siempre padecía tormentos. Lo mismo sucedió al precisar de vestimenta. Una vez llamó a un sastre, y se fatigó ilustrándole cómo coser a la moda, hasta enseñarle a hacer el traje justamente como le gustaba, como sabía él. Y el sastre lo elaboró hasta hacérselo a su gusto, solo que falló en una punta (que se llama *lepil*), sin haberla apuntado bien. Y él, se afligió mucho, porque sabía que sí se veía bien allí al desconocer la gente de ello, mas si andaría en España con ese *lepil* se reirían de él, y parecería un *yatir¹⁴*. Y bien padecía tormentos constantemente. Y el ingenuo corría y venía alegremente cada vez hacia él, hallándolo desolado y lleno de tormentos, hasta preguntarle: ´´¿Cómo es que alguien tan sabio y rico como tú padece siempre tormentos? Pues yo en cambio, siempre me hallo lleno de alegría´´. Y al erudito le dio risa, y le pareció como un chiflado. Le dijo entonces el ingenuo: ´´La gente ordinaria que se ríe de mí es necia, pues al ser más lista que yo es necia en realidad, por supuesto que un sabio como tú. De nada te sirve ser más listo que yo´´. Luego prosiguió y dijo: ´´Ojalá que tú alcanzaras mi nivel´´. Respondió el erudito: ´´Llegar yo al tuyo podría ocurrir, en caso de que perdiera la razón o que me enfermara, convirtiéndome en chiflado, pues tú eres un hombre chiflado. Pero que alcanzaras tú el mío, es imposible. De ningún modo podrías ser listo como yo´´. ´´Para *Hashem Itbaraj* todo es posible´´ - contestó el ingenuo - ´´e incluso podría ocurrir de inmediato, que alcanzara yo tu nivel´´. Y el erudito se rio de él en exceso.

Y a estos dos hijos, se les denominaba ´´el erudito´´ y ´´el ingenuo´´, así eran sus apodos. A pesar de haber varios eruditos e ingenuos en el mundo, este caso era notable de más, pues los dos provenían del mismo lugar y habían estudiado juntos, habiéndose uno convertido en eminente erudito, y siendo el otro un total ingenuo. Incluso en el *haskaski¹⁵*, en el que se anotaba a las personas con su apelativo familiar, aparecía el uno con el mote de ´´erudito´´ y el otro con el de ´´ingenuo´´. Una vez ojeó el rey por el *haskaski*, y halló estos dos hijos anotados en él - el uno como ´´erudito´´ y el otro como ´´ingenuo´´ - intrigándose por denominarse ellos así, y ansió verlos. Mas pensó: ´´Si los mando a llamar a que vengan ante mí, se asustarán mucho. El erudito no será capaz de contestar, y el ingenuo puede que enloquezca de tanto miedo´´. Por tal razón, decidió que mandaría un erudito al erudito, y un ingenuo al ingenuo. Pero ¿cómo es que se encuentra un ingenuo en la ciudad de realeza? - pues en la ciudad de realeza, se hallan generalmente eruditos. No obstante, el encargado de las riquezas curiosamente era un ingenuo, porque a los eruditos no se les quiere encargar las riquezas, ya que mediante su listeza e inteligencia podrían malgastarlas. Por eso se encargan las riquezas precisamente a los ingenuos. Y el rey llamó a un erudito y a dicho ingenuo y los mandó a los dos hijos, y les entregó cartas para cada uno de ellos. Además, les entregó una carta para el *gabirner *[gobernador] del *gabernie *[provincia], que los dos hijos estaban bajo su administración. Y en la carta ordenó, que mandara el gobernador cartas al erudito y al ingenuo en su nombre, a fin de que no se asustaran, y que les escribiera que no era obligatorio venir ni que estaba exigiéndolo el rey, sino que dependía de su voluntad – si querrían que viniesen - solo que al rey le apetecía verlos. Y partieron los enviados; el erudito y el ingenuo, y llegaron al gobernador y le dieron la carta. Entonces él averiguó sobre los dos hijos, y se le dijo que el erudito era un eminente sabio, que era muy rico, y que el ingenuo era totalmente un cándido, que toda su vestimenta se incluía en un *pelz. *Y decidió el gobernador que, evidentemente, no era digno traerlo al rey vestido con un *pelz*, por lo que le preparó vestimentas adecuadas, colocándolas en el fastuoso carruaje que correspondía al ingenuo, y luego dio las cartas a los enviados. Entonces partieron y llegaron a su destino, y entregaron las cartas el erudito al erudito y el ingenuo al ingenuo. Y el ingenuo, al llegarle la carta, dijo al enviado ingenuo que se la había traído: ´´No se leer lo que pone, ¡léemelo!´´. Respondió él: ´´ Te diré qué pone oralmente: el rey quiere que vengas a él´´. Enseguida demandó el ingenuo: ´´Solo que sin mofas´´. Y él contestó: ´´Por supuesto, de veras, no es una mofa´´. Inmediatamente se llenó de alegría, corrió a su mujer y le dijo: ´´Mujer mía, el rey me ha mandado a llamar´´. Y ella preguntó: ´´¿Por cuál razón?´´ - mas no dispuso de tiempo ni para contestarla. Se apuró al tiro alegremente, y al instante se marchó con el enviado. Luego entró al fastuoso carruaje y se sentó en él, encontró las vestimentas, y fue alegrándose más y más a cada momento.

Entretanto se emitieron denuncias de que el gobernador cometía iniquidades, y el rey lo despidió. Y decidió que sería mejor que el gobernador fuera alguien ingenuo, pues un ingenuo administraría el país con honestidad y rectitud, a razón de no saber de argucias e invenciones. Así pues, concluyó que nuestro ingenuo se convertiría en el gobernador. Y mandó el rey su decreto, de que el ingenuo que había llamado sería el gobernador, y como debía pasar por la ciudad provincial, mandó que le esperaran en las puertas de esta y que lo detuvieran al llegar, y lo nombraran a tal cargo, de ser el gobernador. Y así hicieron, y lo esperaron en las puertas de la ciudad, y al pasar él ahí lo detuvieron, diciéndole que se había convertido en el gobernador. ´´Solo que sin mofas´´ - demandó. ´´Por supuesto, no es una mofa´´ - le respondieron. Y en seguida se convirtió en gobernador, con todo vigor y firmeza. Y ahora, habiéndose encaramado su suerte, la cual incrementa el saber, le vino algo de intelecto, y aún así no ejerció nada de su conocimiento, sino que actuó ingenuamente como había hecho antes. Y rigió el país con ingenuidad, honestidad y rectitud, sin cometer iniquidad alguna, pues, no requiere la regencia del país ingeniosidad ni listeza, sino que solamente ingenuidad y rectitud. Cuando venían dos personas a juzgarse ante él, declaraba realmente conforme a su ingenuidad: ´´Tú eres absuelto y tú eres condenado´´ - sin nada de sagacidad ni engaño. Manejaba todo con honestidad, y los paisanos lo apreciaban mucho. También tenía consejeros que lo apreciaban genuinamente, y a causa de este aprecio, uno de ellos le aconsejó: ´´Sin duda serás llamado a venir al rey, pues de hecho ya había mandado a buscarte, además de ser común que los gobernadores hayan de presentarse ante él. A pesar de ser tú muy probo, y de que no se halle iniquidad alguna en tu regencia sobre el país, suele el rey desviar su plática hacia otro lado, hablando de otras materias y en otras lenguas. Sería digno y adecuado que pudieras responderle, y por lo tanto, conviene que yo te enseñe esas materias y lenguas´´. Y el ingenuo lo aceptó, diciéndose: ´´¿Qué me molesta aprender materias y lenguas?´´. Entonces se acordó de que su amigo erudito, le había dicho que no alcanzaría su nivel de ningún modo, y bien ya había adquirido su listeza. Y a pesar de ello, a pesar de ya poseer conocimientos, jamás los implementaba, sino que manejaba todo con ingenuidad como anteriormente. Después el rey mandó a llamarlo, y el ingenuo viajó hasta él. Y el rey, le habló al principio respecto a la administración del país, lo cual le cayó muy muy en gracia, pues vio que actuaba con gran rectitud y honestidad, sin nada de iniquidad ni de engaño. Luego empezó a platicar de materias y a hablar en distintas lenguas, y el ingenuo replicó adecuadamente, lo cual le cayó al rey en gracia más y más. Se dijo: ´´Aún siendo tan listo, actúa con tanta ingenuidad´´, y le cayó muy muy en gracia. Entonces lo nombró a ser *ministeir *[ministro] sobre todos los *ministrís* [ministros], y le designó un lugar especial que fuera su morada. Ordenó que le construyeran bellas y magníficas murallas como corresponde, y le otorgó un certificado de tal nominación a ministro. Y así fue, que le construyeron edificios en tal lugar donde había ordenado el rey, y él, recibió firmemente la grandeza.

Y el erudito, a hora de llegarle la carta del rey, replicó al erudito que la había traído: ´´Espera y duerme aquí. Hablaremos y pensaremos de ello´´. Por la tarde le preparó un gran banquete, en el cual raciocinó con su sofistería y filosofismo, y dijo: ´´¿Cómo es que manda un rey así a llamar un menudo como yo? ¿Qué importo yo, como para que me mande el rey a llamar? Un rey como tal ha de poseer vasta grandeza y autoridad, en cambio yo, soy menudo y despreciable en comparación a su gloria y eminencia. A ser así, ¿cómo corresponde con la razón, que mande un rey como tal a llamar un menudo como yo? Si es por mi sabiduría, ¿qué valor tiene ante el rey? ¿Acaso le faltan eruditos? Y bien el rey mismo ha de ser un gran sabio, pues, ¿por qué ha de llamarme a mí?´´. Y quedó sumamente sorprendido por ello. Entonces declaró y dijo nuestro erudito, es decir, el primer erudito, quien era el amigo del ingenuo, pues todo esto fue dicho por aquel primer erudito que era el amigo del ingenuo, que después de haberse sorprendido y pasmado tanto, declaró estas palabras, diciéndoselas al erudito enviado: ´´Oye, sostengo que ostensiblemente es obvio y evidente, que el rey no existe. Y todo el mundo se equivoca en cuanto a esta tontería, al pensar que existe el rey. Pregúntate cómo es que se deje fiar toda la gente del mundo de un solo hombre, que es el rey. No hay duda alguna que no existe el rey ´´. Respondió entonces el erudito enviado: ´´Pero yo te traje una carta del rey´´. Y le preguntó el primero: ´´Acaso la recibiste tú de manos del mismísimo rey?´´. ´´No´´ - contestó - ´´me la dio alguien en nombre suyo´´. Entonces declaró él y dijo: ´´Mira pues que tengo razón, pues no existe el rey´´. Luego le preguntó: ´´Dime, tú que eres de la ciudad real, y que creciste ahí toda tu vida, ¿has visto al rey alguna vez?´´. ´´No´´ - respondió. Pues ciertamente así es, que ver al rey no es algo que logre cualquiera, porque solamente se hace ver en muy infrecuentes ocasiones. Y el primer erudito declaró entonces y dijo: ´´Mira pues, más claramente aún, que lo que digo es evidente e incuestionable, pues el rey no existe, ya que ni siquiera tú lo has visto jamás´´. Preguntó el erudito enviado: ´´Entonces… ¿quién lidera el país?´´. ´´Eso te lo explicaré yo con claridad´´ - respondió el primer erudito - ´´y bien conviene preguntármelo a mí, porque soy entendido en ello, pues estuve deambulando por los países, y visité el país de Italia. Y ahí la costumbre es, que se hallan setenta ministros legisladores (que se llaman *ratheirin*), que se alzan a gobernar el país por un tiempo determinado. Y esta autoridad después va rotándose entre todos los paisanos del país, uno tras otro´´. Consecuentemente comenzaron sus palabras a impregnar en los oídos del erudito enviado, hasta que, finalmente, se pusieron ambos de acuerdo, determinando que indudablemente no existía el rey. Entonces dijo el primer erudito: ´´Espera hasta la mañana, y te demostraré con más evidencia aún, que el rey no existe´´. Por la mañana se levantó nuestro primer erudito (a aquel que era el amigo del ingenuo, siempre lo llamamos el primer erudito), despertó a su amigo el erudito enviado, y le dijo: ´´Ven conmigo afuera, y te mostraré con claridad, cuán equivocado está el mundo entero, pues el rey no existe, y todos se hallan sumamente equivocados´´. Y fueron al mercado, y vieron un escolta. Entonces le pararon y preguntaron: ´´¿A quién sirves?´´. Respondió él: ´´Al rey´´. Preguntaron ellos: ´´¿Acaso lo has visto alguna vez?´´. ´´No´´. Y él declaró y dijo: ´´Dime tú, ¿no es esto una tontería?´´. Luego fueron a un oficial de la escolta, y empezaron a charlar con él, hasta que le preguntaron: ´´¿A quién sirves?´´. ´´Al rey´´. ´´¿Lo has visto?´´. ´´No´´. Declaró él y dijo: ´´Mira pues, que evidentemente todos se hallan equivocados, y que no existe el rey ´´. Por tanto, se pusieron de acuerdo el uno con el otro, en que el rey no existía. Luego declaró el erudito y prosiguió diciendo: ´´ Ven y viajemos por el mundo, y te mostraré más aún como subsiste el mundo entero en grandes equivocaciones´´. Y anduvieron viajando por el mundo, y en cada lugar al que llegaban, hallaban el mundo sumido en la equivocación. Y el concepto del rey, se les hizo un símil. En cada lugar donde hallaban el mundo en la equivocación, usaban lo del rey como un símil para constatar esta, comparando su falsedad a la falsedad que atribuían a la existencia del rey. ´´Tal como que el rey es real, es esto cierto´´ - decían. Y fueron andando y viajando, hasta que se les agotó todo lo que tenían. Y empezaron vendiendo un caballo, y luego otro, hasta venderlos todos, debiendo proseguir a pie. Siempre andaban analizando el mundo, y revelando que estaba sumido en la equivocación. Finalmente se hicieron pobres viandantes, y desvaneció todo su prestigio, ya que, no se les valoraba nada, pues nadie les ponía atención alguna a indigentes como ellos.

Y acaeció que al andar y vagar, eventualmente llegaron a la ciudad en la que residía aquel ministro, quien era el ingenuo; amigo del erudito. Y ahí en esa ciudad tenía una verdadera nombradía, y era bastante prestigiado, pues realizaba espléndidos actos, e incluso entre los mismos ministros era famoso y prestigiado. Y aquellos eruditos vinieron a esta ciudad, y anduvieron vagando hasta llegar a la casa del *Baal Shem*. Entonces vieron que habían unas cuantas carretas allí, cuarenta o cincuenta, con enfermos. Y el erudito, supuso que en ese lugar vivía un doctor, y deseó entrar a su casa a razón de también haber él sido un gran doctor, queriendo entrar a conocerle y concurrir con él. Y preguntó: ´´¿Quién vive aquí?´´. Le contestaron: ´´Un *Baal Shem*´´. Entonces se le llenó la boca de risa, y dijo a su amigo: ´´Esto se trata de una espléndidamente grande mentira y equivocación, más tonta aún que la del rey. Amigo mío, he de contarte esta mentira, y lo equivocado que se halla el mundo sustentando una como tal´´. Entretanto les entró hambre, y encontraron unos tres-cuatro *mayores*¹⁶ que todavía tenían. Y fueron a la casa de comidas (que se llama *gar-kej*), en la cual se conseguía comer incluso por tres o cuatro mayores. Y ordenaron que les dieran comida, y se les dio. Mientras comían, hablaron y se burlaron de la mentira y equivocación acerca del *Baal Shem*, y el dueño del *gar-kej *los oyó, y se irritó mucho, pues el *Baal Shem *era muy valorado por allí. Y les dijo: ´´Comed lo que os queda y salid de aquí´´. Luego vino el hijo del *Baal Shem*, y ellos, siguieron burlándose de él en su presencia. Entonces el dueño del *gar-kej*,* *a causa de haberse estado burlando del *Baal Shem* ante su hijo, los regañó hasta pegarles, golpeando e hiriéndoles, y los echó de su casa. Y ellos se irritaron mucho, queriendo reclamar justicia contra quien les había pegado, y decidieron ir al dueño de la casa en la que habían dejado sus maletas, para aconsejarse con él respecto a cómo llevarlo a juicio. Y vinieron y le contaron que el dueño del *gar-kej *les había pegado bastante, y preguntó él: ´´¿Por qué?´´. Entonces le contaron que habían hablado del *Baal Shem*, y él les respondió: ´´Sin duda no es decente golpear a la gente, mas vosotros de nada actuasteis correctamente al hablar del *Baal Shem*, porque es muy valorado por aquí´´. Y ellos le vieron vano, pues también se hallaba equivocado, y se dirigieron entonces a un funcionario, que era un gentil. Y le contaron que les habían pegado y todo lo sucedido, y él preguntó: ´´¿Por qué?´´. Respondieron: ´´Por haber hablado del *Baal Shem´´* - y entonces les pegó golpeando e hiriéndoles, y los echó de su casa. Y fueron yendo de fulano a mengano, de gobernante a otro superior, hasta llegar a aquel ministro. Y allí ante la casa del ministro, habían escoltas, que se llaman ´´*vajin*´´, y comunicaron al ministro que alguien demandaba verlo. Y él ordenó que entrara. Entonces vino el erudito ante el ministro, quien reconoció de inmediato que era su amigo, mas el erudito no lo reconoció a él, por estar encumbrado en tanta grandeza. Al instante comenzó a hablarle: ´´Mira a qué grandeza me ha llevado mi ingenuidad, y en cambio la sofistería tuya, ¿a dónde te ha traído?´´. ´´De eso trataremos después´´ - dijo el erudito - ´´a ser tú mi amigo el ingenuo. Ahora concédeme juicio, pues me han pegado´´. ´´¿Por qué?´´ - le preguntó. ´´A causa de haber hablado del *Baal Shem´´* – respondió - ´´lo cual es una mentira y un gran engaño´´. Dijo entonces el ingenuo ministro: ´´¿Todavía sostienes tus sofisterías? Mira que dijiste que podrías alcanzar fácilmente mi nivel, y que yo no podría alcanzar el tuyo. Mira pues, que yo ya he alcanzado el tuyo, sin que hayas tú alcanzado el mío. Veo que adquirir tú mi ingenuidad, es más difícil´´. No obstante, como lo conocía desde antes de haberse encumbrado a la grandeza, ordenó que le dieran ropa para vestirse, y le pidió que almorzara con él. A la hora de comer comenzaron a conversar, y empezó el erudito a exponer su opinión respecto a que el rey no existía. Entonces le regañó el ingenuo ministro y le dijo: ´´Yo mismo he visto el rey´´. Y el erudito respondió riéndose: ´´¿Cómo sabes que era el rey? ¿Acaso le conoces a él, a su padre y a su abuelo, sabiendo que habían sido reyes? ¿Cómo sabes que es rey? Solo te han dicho que era el rey, engañándote con una mentira´´. Y el ingenuo se irritó tremendamente por ello, por estar él renegando del rey.

Entretanto llegó alguien y dijo: ´´El *azazel¹⁷, *o sea el *Taivil*, ha mandado a buscaros´´. Y el ingenuo se horrorizó tremendamente, y corrió a contarle a su mujer con gran espanto que este lo había llamado. Y le aconsejó su mujer, que mandara a llamar el *Baal Shem, *y él lo mandó a llamar. Entonces vino el *Baal Shem *y le otorgó talismanes y protecciones, indicándole que no se asustara más. Y él, tuvo mucha fe en eso. Luego se sentaron nuevamente el erudito y el ingenuo, y el erudito preguntó: ´´¿De qué te habías asustado tanto?´´. Dijo: ´´De aquel, que había mandado a buscarnos´´. ´´¿De verdad crees que existe el *Taivil*?´´ - se rio de él. ´´A no ser así, ¿quién es quien mandó a buscarnos?´´ - respondió. Declaró el erudito y dijo: ´´Seguramente es mi hermano, que quería encontrarse conmigo, y mandó a buscarme por medio de este engaño´´. Y preguntó el ingenuo: ´´Si es así, ¿cómo es que ha logrado traspasar todos los *vartesh*¹⁸?´´. ´´Seguramente los sobornó´´ - contestó - ´´y ahora mienten y engañan, diciendo no haberle visto´´. Entretanto volvió alguien, nuevamente diciendo que el *Taivil* los había mandado a buscar. Mas esta vez, el ingenuo no se horrorizó, ni tuvo nada de miedo, debido a la protección del *Baal Shem*. Y preguntó al erudito: ´´¿Qué dices pues?´´. Dijo: ´´Te voy a demostrar que tengo un hermano que anda enojado conmigo, que hizo este engaño a fin de asustarme´´. Entonces preguntó a quien los había venido a buscar: ´´¿Cómo se ve, aquel que nos llamó a buscar? ¿Cómo se ve su rostro, qué apariencia tienen sus pelos y etcétera?´´. Respondió: ´´Así y así´´. ´´Mira pues, que es esa la apariencia de mi hermano´´ - dijo. ´´¿Irás con ellos?´´ - preguntó el ingenuo. ´´Sí´´ - contestó - ´´solo que facilítame algunos escoltas que me sean de *zalaga¹⁹*, para que nadie me vaya a dañar´´. Y le proveyó *zalaga*, y se marcharon los dos eruditos junto con quien los había venido a buscar, y luego los escoltas volvieron. Les preguntó el ingenuo ministro: ´´¿Dónde están los eruditos?´´. Y ellos respondieron, que no tenían idea alguna, de cómo habían estos desaparecido. Y aquel, o sea el *Taivil, *los había secuestrado, a nuestros eruditos, y los trajo al fango y al légamo. Y se sentaba en una silla dentro del fango, siendo los eruditos arrojados dentro de él. Y el fango era grueso y viscoso como pegamento (que se llama *klei*), y no podían moverse ahí de modo alguno. Y gritaban, nuestros eruditos, quienes estaban siendo torturados por el *Taivil *y su gente: ´´¡Malvados! ¿Por qué nos torturáis? ¡No existe el *Taivil*! ¡Sois malvados y nos estáis torturando en vano!´´. Pues aquellos eruditos, todavía no creían en el *taivil*, solo consideraban que gente malvada los estaba torturando en vano. Y se hallaban los dos sumidos en el grosor del fango, andando examinando qué era. ´´No se trata en nada más que personas insensatas´´ - se decían - ´´con las que habíamos peleado alguna vez, y ahora nos torturan ellos tanto´´. Y sufrieron grandes suplicios durante unos cuantos años. Cierta vez pasó el ingenuo ministro ante la casa del *Baal Shem, *acordándose de su amigo el erudito. Entonces entró y se inclinó ante *Baal Shem*, como costumbre de los ministros, y le preguntó, si podría mostrárselo, o sea al erudito, y sacarlo de donde se hallaba. Le dijo al *Baal Shem*: ´´¿Os acordáis de aquel erudito al que había llamado el T*aivil*, y al que se había llevado, que desde entonces no he vuelto a ver?´´. Y él respondió: ´´Sí´´. Entonces le pidió que le enseñara dónde se encontraba, y que lo sacara de ahí. Dijo el *Baal Shem*: ´´Definitivamente puedo enseñarte dónde se encuentra y sacarlo, mas hemos de ir solamente tú y yo´´. Así pues, fueron juntos, y el *Baal Shem *hizo lo que sabía, y vinieron allí, hallando a los eruditos sumidos en el grosor del légamo y del fango. Al ver el erudito al ministro, le gritó: ´´¡Hermano! ¡Mira! ¡Estos malvados me están azotando tanto y me torturan en vano!´´. Y el ministro le regañó: ´´Todavía sostienes tus sofisterías sin creer en nada, pensando que son personas. Mira pues, que se trata del *Baal Shem, *que renegabas de él, y él es quien puede sacaros de aquí y enseñaros la verdad´´. Entonces le pidió el ingenuo ministro al *Baal Shem*,* *que los sacara y enseñara que era el *Taivil*, y que no eran personas. Y el *Baal Shem *hizo* *lo que hizo, y quedaron ellos parados sobre el suelo. Y no había ni fango ni légamo en nada. Y aquellos agresores, se habían convertido en nada más que polvo. Entonces al verlo el erudito, debió reconocerlo todo sin alternativa; que el rey existe y todo lo de demás.

Referente a este relato se dijo el artículo (*torá*) que habla en relación a las sofisterías y la ingenuidad (24), respecto a que la plenitud solo se trata de ingenuidad y sencillez primordialmente, como bien el aspecto de *Amalek* que era sofisticado y renegaba de lo más importante (observa ahí el versículo 25 ´´siete veces cae el *tsadik *y se levanta´´ - cuyas siglas finales componen: *Amalek*). Pues la raíz de todas las caídas, proviene de las sofisterías (mira ahí). También *Agag*, descendiente de *Amalek*, a pesar de prever su caída a hora de llegar Samuel a Saul a matarle, todavía no se lo creía, como dicho en el versículo 26: ´´Anduvo Agag con deleite´´, y en la traducción de Jonatán: ´´con ufanía´´ - pues todavía no creía en su caída, hasta verla con sus propios ojos. Entonces: ´´Y dijo: ciertamente ya pasó la amargura de la muerte´´, pues hasta entonces no se lo creía.

Contempla este relato y comprenderás espléndidas maravillas. Si la *tfilá *no anda como corresponde, es un zapato de tres puntas, reflexiónalo. Observa más en el final del libro en las explicaciones del Rav, y verás espléndidas interpretaciones.

1 – Implemento para enjaezar caballos

2 – Tiendas de comercio

3 – El nombre de una ciudad en la frontera de Italia

4 – Quien pule las piedras preciosas

5 – Medicina

6 – Latino

7 – Abrigo de piel rústico

8 – Abrigo de piel valioso

9 – Abrigo

10 – Abrigo valioso

11 – Azúcar

12 – Pedazos de cuero

13 – Diez monedas

14 – Superfluo, apelativo para un necio y chiflado

15 – Listado de residentes

16 – Nombre de una moneda

17 – Demonio

18 – Tropas

19 - Guardia
