Relato sobre un emperador que no tenía hijos. Asimismo había un rey que tampoco tenía. Y partió el emperador a viajar por la tierra para vagar y buscar, a ver si encontraba algún consejo o medicina a fin de tener hijos. Igualmente partió el rey a viajar, y se encontraron los dos en una posada, sin conocerse el uno al otro. Y notó el emperador en el rey, que tenía modales de realeza, y se lo preguntó y admitió él que era rey. Del mismo modo notó el rey igual cosa en el emperador y admitió él lo mismo, y entonces le contaron el uno al otro que viajaban a fin de tener hijos, amigándose los dos, de forma que acordaron que si regresaban a sus casas y daban sus mujeres a luz un niño y una niña, de manera que se pudiesen casar, se casarían los dos. Y volvió el emperador a su casa y le nació una niña. Y volvió el rey a su casa y le nació un niño. Y tal encuentro entre ambos al final se les olvidó.
Y el emperador mandó a su hija a estudiar, y mandó el rey también a su hijo a lo mismo, y se encontraron estos dos siendo alumnos del mismo profesor. Y ellos se amaban intensamente, hasta que decidieron que se casarían el uno con el otro. Y tomó el hijo del rey un anillo, y se lo puso a ella sobre la mano, y se casaron los dos. Después mandó el emperador llamar a su hija y la trajo a su casa. Y el rey igualmente mandó llamar a su hijo y lo trajo a su casa también.
Y se hablaba de encontrarle un esposo a la hija del emperador, mas ella no quería a nadie excepto aquel amor. Y el hijo del rey la añoraba profundamente, y ella, permanecía continuamente entristecida. Y el emperador paseaba con ella por sus jardines y su palacio enseñándole su grandeza, mas ella permanecía entristecida. Y el hijo del rey la añoraba tan profundamente hasta que se enfermó, y por más que le preguntaran por qué había enfermado, no quería él contarlo. Y le dijeron a su sirviente: "Tal vez puedas tú averiguar". Y les dijo él que lo sabía, pues estaba junto al hijo del rey en aquel lugar donde estudiaba, y les reveló el secreto.
Entonces recordó el rey su pasado acuerdo con el emperador, y fue y le escribió que se preparase para la boda como habían previamente acordado. Y el emperador, no tenía voluntad en cuanto a ello, pero no podía atreverse a rechazarlo, por lo que le respondió que le enviara el rey su hijo a fin de comprobar si sería capaz de liderar países, y si fuera así, bien casaría a su hija con él. Y le mandó su hijo (o sea que el rey mandó su hijo al emperador, como había él ordenado), y lo asentó el emperador en una habitación dándole papeles de asuntos del estado para comprobar si sería capaz de liderarlo. Y el hijo del rey anhelaba profundamente verla a ella, mas no le era posible. Una vez fue a donde había una pared de espejo y la vio, y cayó sin fuerzas, y vino ella hacia él y lo sacudió, contándole que no quería a nadie excepto su amor. Y le dijo él: "¿Qué le podemos hacer? pues tu padre no quiere". Y dijo ella: "Aún así". Luego decidieron que partirían hacia el mar. Y alquilaron un buque y partieron por el mar.
Y viajaron por el mar. Luego quisieron acercarse a la orilla. Y llegaron a la orilla. Y allí había un bosque y fueron ahí. Y cogió la hija del emperador el anillo y se lo dio a él, y se acostó ahí mismo. Después vio el hijo del rey que pronto ella se iba a levantar, y dejó el anillo cerca de ella. Después se levantaron y fueron al buque.
Entonces se acordó de que habían olvidado el anillo ahí, y lo mandó a buscarlo. Y fue ahí y no lograba encontrar el lugar, y fue a otro lugar y no lograba encontrar el anillo. E iba buscándolo de un lugar a otro hasta que se perdió sin lograr volver. Y ella fue a buscarlo pero se perdió también, y él, continuaba y seguía perdiéndose más y más. Después vio un sendero y se fue a un lugar poblado, y como no tenía qué hacer, se hizo sirviente. También ella continuaba y seguía perdiéndose más y más, por lo que decidió que volvería al mar, y se fue hacia la playa. Y habían ahí árboles de frutas, y se asentó ahí, y por el día andaba frente al mar a ver si encontraría gente que pasara, alimentándose de las frutas, y por la noche se subía a un árbol para estar a salvo de los animales.
Érase una vez un gran comerciante de gran poder, que tenía negocios en el mundo entero, y tenía un solo hijo. Y el comerciante, era anciano. Una vez le dijo el hijo a su padre: "Ya que eres anciano y yo jóven, y tus fieles no me van a cuidar, y tú fallecerás quedándome entonces yo vacío sin saber qué hacer, por eso, dame un buque con bienes, e iré yo al mar a aprender a comerciar". Y le dio su padre un buque con bienes, y se fue por los países vendiendo los bienes y comprando otros, teniendo éxito con ello. Estando en el mar, vieron aquellos árboles, donde se encontraba la hija del emperador, y pensaron que era un sitio poblado, y quiso ir ahí. Cuando se acercaron, vieron que eran árboles y quisieron volver. De repente echó un vistazo el comerciante (o sea el hijo del comerciante) hacia el mar, y vio un árbol que sobre él había una figura humana, preguntándose si se lo estaba imaginando. Y se lo dijo a la gente que estaba ahí con él, y ellos miraron y vieron también una figura humana sobre el árbol, y decidieron acercarse más, y entonces mandaron un hombre con un pequeño barco hacia ahí. Y ellos miraban hacia el mar, dirigiendo al enviado para que no se extraviara del camino, a fin de que vayara dirigido directamente hacia tal árbol. Y llegó ahí y vio que estaba sentada una persona, y se lo contó a ellos.
Y fue él mismo (el hijo del comerciante), y la vio sentada ahí (a la hija del emperador que se había sentado ahí) y le dijo que bajase. Y ella le dijo que no quería entrar al buque, sin que le prometiese que no la tocaría hasta que volviera a su casa y se casara con ella debidamente. Y él se lo prometió. Entró ella al buque, y él observó que cantaba al son de instrumentos musicales y que sabía hablar en varias lenguas, y se alegró de habérsela encontrado. Después, cuando empezaron a acercarse a su casa, le dijo ella que lo correcto sería que fuera él ahí y les informara a su padre, a sus familiares y a todos sus conocidos, para que todos saliesen hacia ella, por estar él llevando tan importante mujer. Y que después, le revelaría ella quién era (pues antes había también condicionado con él que no la preguntara quién era hasta después del matrimonio, y solo entonces sabría quién era), y él aceptó. Y le dijo ella: "Además, sería también lo correcto, por estar tú llevando una mujer como esta, que emborracharas a todos los marineros que navegan el buque, con objeto de que sepan que su comerciante se casa con tal mujer como esta, y él aceptó.
Y agarró un muy buen vino que tenía en el buque y les dio de beber de él, y se emborracharon excesivamente. Y él fue a su casa para informar a su padre y a sus familiares como había dicho ella, y los marineros se emborracharon y salieron del buque, tumbándose y acostándose de tanta embriaguez. Y mientras se preparaban allí para salir hacia ella con toda la familia, fue ella y desató el buque de la orilla, y desplegó las velas, y se fue con el buque. Y ellos llegaron a donde había estado el buque (o sea toda la familia del comerciante), y no encontraron nada. Y eso, enfureció mucho al comerciante, quien era el padre del hijo, y él gritaba y decía (o sea el hijo del comerciante que vino con el buque gritaba y decía): "¡Créeme que traje un buque lleno de bienes!", mas ellos no veían nada. Le dijo el padre: "¡Pregúntale a los marineros!". Y fue y les preguntó, pero ellos estaban acostados borrachos. Luego despertaron y les preguntó nuevamente, mas no sabían nada de lo que les había pasado, solamente que habían traído un buque lleno de bienes y que no sabían donde se encontraba. Y el comerciante, se enfureció gravemente con su hijo y lo expulsó de su casa, prohibiéndole volver a hacerse ver ante él. Y partió a vagabundear, y ella (o sea la hija del emperador), viajaba por el mar.
Érase una vez un rey que construía un palacio sobre el mar, pues ahí le pareció adecuado construirlo, a causa del aire del mar. Y por ahí, pasaban los buques. Y ella (o sea la hija del emperador), viajaba por el mar hasta que llegó cerca de aquel palacio que era del rey. Y miró el rey y vio un buque sin navegantes que carecía de gente, pensando que se lo estaba imaginando, y ordenó a su gente que mirasen, y ellos también vieron lo mismo. Y ella, se acercó al palacio. Después se preguntó: ¿para qué necesitaría un palacio? Y empezó a volver atrás. Y el rey mandó que la devolvieran y la trajo a su casa. Y ese rey no tenía mujer, pues no lograba conseguirla, porque cuando quería él una, no quería ella, y al revés. Y cuando vino ahí la hija del emperador, le dijo que le jurara que no la tocaría hasta que se casara con ella debidamente, y él se lo juró. Y le dijo ella, que lo adecuado sería que no abriera su buque ni lo tocara, sino que se quedara así sobre el mar hasta el matrimonio, y entonces verían todos la gran cantidad de bienes que había traído, para que no dijera la gente que había tomado una mujer de la calle. Y él se lo prometió.
Y el rey le escribió a todos los países que se reunieran y vinieran a su boda, y construyó un palacio para ella. Y ella ordenó que le trajeran once hijas de ministros para que estén con ella. Y así ordenó el rey y le mandaron once hijas de muy grandes ministros, y le construyeron a cada una un palacio propio, y ella tenía un palacio propio también. Y se reunían ellas al rededor de ella, cantando al son de instrumentos musicales y jugando con ella ahí.
Una vez les dijo que vinieran con ella al mar, y fueron con ella. Y jugaban ahí, y les dijo que las honraría con un buen vino que tenía, y les dio de beber del vino que había en el buque y ellas se emborracharon, cayeron y se acostaron. Y fue y desató el buque y desplegó las velas, escapándose con el buque. Y ellos (o sea el rey y su gente), echaron un vistazo y vieron que el buque no estaba, y se llenaron de pánico. Y dijo el rey: "Tened cuidado de no decírselo a ella súbitamente, pues grande será su tristeza en cuanto a un buque tan valioso como aquel (pues el rey no sabía que era ella misma la que se había escapado con el buque y pensaba que todavía se encontraba en su cuarto), y tal vez piense que el rey se lo dio a alguien, por lo que hay que mandar una delegada de las hijas de los ministros para que se lo diga sabiamente. Y fueron a un cuarto y no encontraron a nadie. Y bien a otro y bien a todos los once cuartos, y no encontraron a nadie. Y decidieron mandarle por la noche una delegada anciana que se lo dijera. Y fueron a su cuarto y no encontraron a nadie, y se llenaron de pánico.
Y los padres de las hijas de los ministros, los cuales estaban acostumbrados a que les llegaran cartas los unos de los otros, veían ahora que mandaban cartas sin llegarles de vuelta ninguna carta de sus hijas. Se levantaron y fueron por sí mismos ahí, sin encontrar a sus hijas, y se enfurecieron mucho y propusieron enviar al rey (o sea a un lugar a donde se envían los sentenciados a pena de muerte el cual se llama "parshiken"), pues eran ellos los ministros del reino, mas se preguntaron en qué había él pecado como para ser sentenciado a que lo enviasen ahí, pues no era su culpa. Y decidieron descoronarlo y expulsarlo. Y lo descoronaron y expulsaron, y se fue.
Y ella (o sea la hija del emperador que huyó con las once hijas de los ministros), se fue con el buque. Después se despertaron las ministras (y comenzaron de nuevo a jugar como habían estado haciendo antes, pues no sabían que el buque había partido de la orilla) y le dijeron: "Volvamos". Y les contestó ella: "Quedémonos aquí un poquito más". Luego estalló una tormenta y dijeron: "Volvamos a nuestra casa". Y les informó que el buque había partido de la orilla. Y le preguntaron porqué había hecho eso. Y dijo que temía que se rompiera el buque a causa de la tormenta, por lo que se vio obligada a desatarlo y desplegar las velas.
Y viajaban por el mar (la hija del emperador con las once hijas de ministros), cantando al son de instrumentos musicales. Entonces encontraron un palacio, y le dijeron las ministras: "Acerquémonos ahí", mas no quería. Y dijo que se había arrepentido de haberse acercado al palacio anterior (o sea por haberse acercado al palacio del rey el cual quería casarse con ella y etc.). Después vieron un tipo de isla y se acercaron a ella. Y habían ahí doce ladrones, y ellos querían matarlas. Y preguntó ella: "¿Quién es el más grande de vosotros?". Y se lo enseñaron. Le dijo ella: "¿A qué os dedicáis?". Y le dijo que eran ladrones. Y ella dijo: "Nosotras también somos ladronas, solo que vosotros sois ladrones mediante vuestra valentía, y nosotras somos ladronas por medio de sabiduría, pues somos eruditas en idiomas y en el toque de instrumentos musicales. Así pues, ¿qué beneficio tendríais en matarnos? Mejor es que os caséis con nosotras poseyendo así nuestras riquezas también". Y les enseñó lo que había en el buque, y eso les complació. Y les enseñaron los ladrones también todas sus riquezas y las hicieron andar por todos sus sitios, y se pusieron de acuerdo en no casarse con ellas todos a la vez sino que uno por uno (o sea que todos los ladrones no se casarían con las ministras de una vez, sino que sus matrimonios fueran uno por uno), y que escogerían cada uno una ministra según lo que le conveniera, el grande según su grandeza y etc.
Después les dijo que los honraría con un extraordinario buen vino que tenía en el buque, el cual no le satisfacía abrir, pues lo tenía escondido hasta el día en el que Hashem Bendito Sea le enviase su marido designado. Y les dio el vino en doce copas y les dijo a cada uno que bebiera una de las doce, y bebieron, se emborracharon y cayeron. Y le dijo a sus compañeras: "Id y matad cada una a su marido". Y fueron ellas y los mataron a todos. Y encontraron ahí una riqueza incontable que ningún rey poseía una como aquella. Y se pusieron de acuerdo, en que no se quedarían con el cobre ni con la plata, sino que solamente con el oro y las piedras preciosas. Por lo tanto, tiraron de su buque lo que no era bastante valioso, cargándolo con cosas valiosas: oro y piedras preciosas que habían encontrado ahí. Y también se pusieron de acuerdo en que no se seguirían vistiendo como mujeres, cosiéndose a si mismas vestimentas de hombres como aquellas de Ashkenaz, y se fueron con el buque.
Érase una vez un rey anciano. Y tenía un solo hijo, y lo casó, y le entregó el reinado. Y dijo el hijo del rey, que iría y viajaría con su mujer por el mar, para que se acostumbrase ella al aire marítimo, por si deberían alguna vez huir por medio del mar. Y fue con su mujer y con los ministros del reino, y partieron todos en un buque, y ahí estaban divirtiéndose mucho y llenos de regocijo. Después dijeron que se quitarían todos la ropa (o sea el hijo del rey con los ministros del reino que habían en el buque, decidieron que se quitarían todos la ropa de tanto regocijo, y así hicieron), sin dejarse nada menos su ropa interior. Y se esforzaban en subirse al mástil, y el hijo del rey se esforzaba en subir ahí.
Y ella (o sea la hija del emperador) vino con su buque, y vio aquel buque (o sea el buque del hijo del rey con los ministros del reino), y al principio temía acercarse a él. Después se aproximaron un poco, y vieron que la gente ahí se estaba divirtiendo mucho, por lo que entendieron que no se trataba de ladrones, y se empezaron a acercar. Le dijo la hija del emperador a sus compañeras: "Yo puedo hacer que aquel calvo se caiga al mar" (o sea aquel hijo del rey que se estaba subiendo al mástil), pues el hijo del rey era calvo, es decir, que carecía su cabeza de pelo. Le dijeron ellas: "¿Cómo sería posible eso? pues estamos muy lejos de ellos". Y les dijo que existe un cristal que es capaz de quemar y que con él le haría caerse. Y dijo que no lo haría hasta que se subiera él a la punta del mástil, porque estando en su mitad, al caerse se caería al buque, pero estando en su punta, al caerse se caería al mar. Esperó a que se subiera a la punta del mástil, y entonces agarró el cristal el cual quema al estar frente al sol, y lo apuntó hacia su cerebro hasta quemarlo, y cayó él al mar.
Y a causa de que vieron (la gente del buque del rey) que cayó, se hizo una gran bulla, ¿pues cómo volverían ahora a su casa, ya que el rey se moriría de tanto dolor? Y dijeron que se acercarían al buque que veían (o sea al buque de la hija del emperador), pues a lo mejor hubiera un médico ahí que pudiera darles algún consejo. Y se acercaron al buque (o sea al buque de la hija del emperador y las ministras), y les dijeron (la gente del buque del rey a las ministras con la hija del emperador) que no tuvieran miedo porque no les harían daño. Y les preguntaron: "Tal vez haya entre vosotros un médico que nos pueda dar algún consejo". Y les contaron todo lo que había pasado y que el hijo del rey había caído al mar. Y dijo la hija del emperador que lo sacasen del mar. Y fueron y lo encontraron y lo sacaron del mar. Y le tomó ella el pulso con su mano, y dijo que su cerebro se había quemado. Y partieron su cerebro, y vieron que tenía razón, y se llenaron de pánico. Y le pidieron que fuera con ellos a su casa y que fuese médico para el rey, y entonces sería muy grande e importante, mas no quería, pues dijo que no era médico, sino que simplemente tenía esos conocimientos.
Y no querían (la gente del buque del rey) volver a su casa, y fueron los dos buques juntos. Y les convino mucho a los ministros del reino la idea de que su reina se casara con el médico, por la gran sabiduría que veían en él (pues ellos pensaban que la hija del emperador con sus ministras eran varones, pues vestían vestimentas de hombres, por lo tanto querían que su reina que era la mujer del hijo del rey que había muerto, se casara con el médico, que era verdaderamente la hija del emperador, que pensaban que era médico, por haber sabido mediante su sabiduría que se había quemado el cerebro del hijo del rey), y que fuera él rey para ellos, y que a su rey (o sea el rey anciano) lo matarían (todo esto querían los ministros), pero no se le podía decir tal cosa a la reina, o sea que se casara con un médico. A la reina también le convino mucho la idea de casarse con él, pero tenía miedo del país, en caso de que no quisiera su gente que fuese él rey. Y acordaron que harían unos festines, con objeto de que en el festín a la hora de regocijo pudiesen hablar de ello. Y hacía cada uno un festín en el día que le tocaba.
Cuando tocó el día del festín del médico (o sea de la hija del emperador), les dio de beber de aquel vino que tenía y se emborracharon. A la hora de regocijo dijeron los ministros: "Qué bonito fuera que se casara la reina con el médico". Y dijo el médico: "Bien bonito sería mas si fuese dicho sin estar la boca bebida (o sea que no en hora de ebriedad). Habló también la reina y dijo: Qué bonito fuera que se casara ella con el médico, solo que lo aceptase el país. Contestó nuevamente el médico (o sea la hija del emperador): "Bien bonito sería mas si fuese dicho sin estar la boca bebida". Luego cuando despertaron de su ebriedad, se acordaron los ministros de lo que habían dicho y se avergonzaron ante la reina por haber dicho tal cosa, mas ella misma también lo había dicho. Y ella también se avergonzó ante ellos, pero ellos lo habían dicho también. Y empezaron a hablar de ello y se pusieron de acuerdo en cuanto a eso, y se casó ella con el médico (o sea con la hija del emperador que pensaban que era médico), y fueron a su país.
Y cuando vieron los paisanos del país que ellos venían, se alegraron mucho, pues ya hacía mucho tiempo que se había ido el hijo del rey y no sabían donde se encontraba. Y el rey anciano, ya había muerto antes de haber regresado ellos. Después vieron (los paisanos del país) que el hijo del rey, el cual era su rey, no estaba. Y preguntaron: "¿Dónde está nuestro rey?". Y les contaron todo lo que había pasado y que él había muerto, y que habían ya designado a este rey que venía con ellos. Y se alegraron mucho de haberles llegado un nuevo rey.
Y el rey (o sea la hija del emperador que se estaba ahora convirtiendo en rey) ordenó anunciar en todos los países, que cualquiera que en cualquier lugar que estubiese, así fuese: extranjero, huésped, escapante o exiliado; llegara a su boda, que no se ausentara ninguno de ellos, pues recibirían grandes regalos. Y ordenó (el rey, o sea la hija del emperador) que hicieran fuentes al rededor de toda la ciudad, para que cuando alguien quisiera beber, no tuviese que ir a beber sino que encontraría la fuente cerca suyo. Y ordenó (el rey, o sea la hija del emperador), que dibujasen su figura en cada fuente, y que hubiera guardias que vigilaran por si alguien viniera y se quedara mirando demasiado la figura y haciendo una mala cara (o sea que su cara cambiara como quien mira determinadamente hacia algo y se asombra y se lamenta), y entonces que lo atrapasen de una vez. Y así hicieron, y vinieron estos mismos tres. Es decir, el primer hijo del rey el cual es el verdadero esposo de esta hija del emperador (que es ahora el rey), y el hijo del comerciante (que lo expulsó su padre a causa de esta hija del emperador que huyó en el buque con todos los bienes), y el rey que descoronaron (también a causa suya porque huyó de él con las once ministras). Y cada uno de estos tres reconoció que era su figura y miraron y recordaron y se lamentaron (o sea que al llegar a las fuentes vieron su figura que estaba dibujada ahí y la reconocieron mirándola mucho), y los atraparon de una vez.
A la hora de la boda ordenó el rey (o sea la hija del emperador), que vinieran los prisioneros ante él. Y trajeron a los tres, y ella los reconoció. Y ellos no la reconocían a causa de que estaba vestida como hombre. Habló la hija del emperador y dijo: "Tú rey (o sea el rey que descoronaron que es uno de los tres prisioneros), a tí te descoronaron por las once hijas de ministros que habían desaparecido. He aquí las hijas de ministros, vuelve a tu país y a tu reinado (pues las once hijas de ministros estaban allí con ella). Tú comerciante (o sea al principio habló con el rey que descoronaron y ahora giró su cara y habló con el comerciante, o sea con el hijo del comerciante), a tí te expulsó tu padre por el buque con los bienes que se te había desaparecido. He aquí tu buque con todos los bienes, y por haberse demorado la plata tanto, tienes ahora una riqueza en el buque que es exageradamente multiplicada respecto a lo que había (porque el buque con toda la riqueza del hijo del comerciante, con la que ella había huído, todavía estaba ahí en plena integridad, y además de eso estaba en el buque toda la riqueza que cogió de los ladrones, la cual era una inmensa riqueza exageradamente más abundante). Y tú, hijo del rey (o sea su verdadero esposo), ven y retirémonos".
Y volvieron a su casa.
RELATO DALET